viernes, 5 de junio de 2026

A Paca

No pocas veces, como dice Sergio del Molino en su libro La España vacía, nos gusta recrear el mundo perdido de nuestros padres o nuestros abuelos, el mundo en que nos criamos, en el que tuvimos nuestras primeras vivencias. El espacio rural del que procedemos y lo llevamos más arraigado de lo que parece. Por ello, de vez en cuando nos gusta juntarnos allí, en el cortijo en el que nos alumbrábamos con un candil y en verano dormíamos sobre un serón en el suelo. Hoy perfectamente restaurado.


Valcaliente, con su cortijo, hoy formando una especie de península que se asoma al pantano de Giribaile

 

Nos reunimos los tres hermanos que aún conservamos una salud física y mental aceptable, aunque desigual. Pasamos dos o tres días. Aunque procedemos de la España urbana y la rural, de la agricultura o de las letras, nunca salimos defraudados. Hay suficientes elementos comunes para llenar el tiempo, desde la antigua afición de coger espárragos, contemplar la transformación experimentada en la agricultura o dar paseos por el campo, por esos espacios abiertos tan conocidos y tan queridos: el Cerro del Diablo, las ruinas del Castillo de Giribaile, las Cuevas Iberas o los contornos del Pantano de Giribaile. ¿Y por la noche qué? Es lo mejor, por la noche la candela, alrededor de la lumbre podemos pasar horas relatando historias de la familia o del pueblo. Porque sí, nosotros vivíamos en el campo y en el pueblo. En Canena, un pueblo pequeño que no sé si llegó alguna vez a los 2.500 habitantes, hoy en franco retroceso. Recordando a personas del pueblo, uno de nosotros mencionó a Paca. A Paca todos la queríamos como a una hermana y siempre que hemos hablado de ella ha sido para elogiarla. Paca fue una empleada de hogar que estuvo con mi madre hasta que se casó, no recuerdo los años. Paca estaba perfectamente integrada en la familia: si estábamos en el campo, ella estaba allí, si estábamos en el pueblo, estaba allí. Por lo que recuerdo, nunca he visto reírse a una mujer tanto ni con tantas ganas como a ella. Pero también sabíamos que en torno a Paca había algo oscuro, algo que no todos sabíamos y que era doloroso. Tenía que ver con la guerra civil. Pocas familias de este país se libran de tener algún suceso, más o menos trágico o doloroso, relacionado con la contienda nacional. Paca también tenía una espina, un suceso familiar dramático. Solo se lo contó a algunos de mis hermanos, no a todos. Su padre, Francisco Papio Lorite, fue represaliado en Rus después de la guerra civil. Lo denunciaron, estuvo en prisión, lo fusilaron y a los 3 o 4 días vino el indulto. No sabemos si total o parcial. Nos dice la IA que eso solía suceder, el procedimiento de las ejecuciones sumarias era más eficaz que la burocracia, por eso los indultos podían llegar tarde, cuando ya no eran precisos. En todo caso Francisco Papio Lorite aparece en la placa del Cementerio de Rus en la lista de los que murieron por defender la democracia y la libertad, elaborada por el ayuntamiento para esclarecer los hechos más relevantes de la represión franquista después de la guerra.

 

Cementerio de Rus. Escultura en homenaje a los que murieron por defender la democracia y la libertad, y placas con la lista de 71 personas fusiladas tras la guerra civil


En torno a este suceso, tan escalofriante, todavía nos quedan varias cosas por conocer: fecha del indulto, tipo de indulto, etc.

Dice Alejandro Ruiz, en su libro Violencia, compasión, memoria que la memoria democrática tiene dos contenidos principales: el apoyo a las víctimas, a todas la víctimas de la guerra incivil y la represión franquista, por un lado, y a la construcción de un relato completo y razonable de lo ocurrido en tiempo de la represión franquista, por otro.
Cuando no hablamos de los mismos hechos, el diálogo es de sordos, cada uno defiende su versión y la comunicación no avanza. En la conversación que comentamos, a veces acalorada, pero siempre respetuosa y fraternal, salieron tres hechos en los que no coincidíamos: a) El indulto de Papio  Lorite y su posición en el ayuntamiento republicano b) los quemados en Rus, en la Beata, por los rojos a principio de la guerra y c) los represaliados después de la guerra en Rus por el régimen franquista. 


Sobre el primer punto ya hemos dicho que solo contamos con el testimonio de una de sus hijas, nuestra Paca. Cuando Paca le contó lo sucedido a uno de nuestros hermanos mayores y él le preguntó por qué no lo había dicho antes, ella le dijo llorando, porque teníamos miedo. En ese plural seguro que incluía a toda la familia, ese miedo que dejó la guerra, en particular en las zonas rurales, el miedo de los vencidos, impuesto como norma obligada a todos los miembros de la familia: no se podía hablar de nada relacionado con la guerra.

Las funciones de Papio Lorite en el Ayuntamiento republicano no están del todo claras, parece que fue juez de paz, no eran jueces de carrera sino personas de buen talante que mediaban en los conflictos. No se puede descartar que en ocasiones ocupara una concejalía o incluso sustituyera al alcalde. Lo que parece claro es su ligazón con el ayuntamiento. 

 

b) Sobre los quemados en Rus tampoco coincidimos ni en su número ni en la forma de ejecución: confieso que yo mismo creí durante mucho tiempo que en la Beata los rojos quemaron vivas a varias personas. Recuerdo que de niño íbamos a la Beata (un paraje entre Rus y la Yedra) para ver la placa de los “quemados” por los rojos, 11 nombres. Para mi sorpresa, hemos podido comprobar después que todavía existe la placa. 

 

Curva de la Beata, entre Rus y la Yedra. Monumento a los caídos por Dios y por España el 2 de septiembre de 1936.

 

En el Portal de Archivos Españoles (PARES) pueden verse los nombres de 11 personas ejecutadas en la Beata el 2 de septiembre de 1936, a principio de la guerra civil. Ahora bien, una búsqueda en la IA, al alcance de cualquiera, nos aclara varias cosas: En La Beata se produjeron ejecuciones extrajudiciales al comienzo de la Guerra Civil. Hubo personas detenidas consideradas de derechas (o sospechosas) que fueron sacadas y llevadas a este paraje. Allí fueron ejecutadas sin juicio. ¿Fueron quemados vivos? Se pregunta la IA y responde: No hay evidencia documental sólida (archivos, sumarios judiciales, exhumaciones documentadas) que confirmen que las víctimas fueran quemadas vivas. Lo más probable, lo que solía ocurrir en otros pueblos de Jaén, es que los fusilaran y después quemaran los cuerpos rociándolos con gasolina. La IA sigue diciendo que hubo fuego, pero que no se quemaron vivas personas. En efecto en los archivos que hemos consultado no hemos encontrado rastro de que se quemara gente viva.

 

c) En cuanto a los fusilados de Rus después de la guerra, sorprende su alto número: en la lista del cementerio de Rus figuran 71, en los archivos que hemos manejado son 73. Se produjeron en los primeros meses de 1941, ya acabada la guerra, siendo alcalde de Rus Rufino Reyes, hermano de Juan Reyes, que fue médico de Canena.

        

Ninguna de estas matanzas, la de los rojos y la de los nacionales, tiene justificación y merecen igual condena, pero son llamativas dos cosas: el número de personas ejecutadas en cada una y el distinto momento en el que se produjeron, unas al principio de la guerra, con todo el descontrol que eso implica, y otras ya terminada la contienda, cuando las tropas sublevadas ya la habían ganado.

 

En todo caso, no se trata de culpar o encausar a nadie, lo ocurrido está muy lejano en el tiempo. Lo que sí nos mueve en esta historia es la búsqueda de la verdad, los hechos ocurridos y documentados no son discutibles, aunque a veces cueste llegar a ellos (eso es lo que hemos pedido a nuestro paisano José Luis, que se mueve muy bien en la búsqueda de los archivos oficiales). No se trata de buscar los hechos alternativos, lo que supone que cada uno cuente su propia verdad. Sino de buscar la verdad. Como decía Machado tu verdad no, la verdad, vente conmigo a buscarla, la tuya guárdatela.

Es una pena que Rus, que tuvo una guerra y posguerra tan traumáticas, no cuente, que sepamos, con una asociación de la memoria que hubiera promovido exhumaciones que ayudaran a salvar, de un modo razonable, el conflicto entre memorias que aun dividen a la población. Con todo hay que reconocer el esfuerzo del ayuntamiento al rememorar y reflejar en una placa a todos los represaliados después de la contienda.

 


Texto de Luis Godoy

luis.godoy.lopezz@gmail.com

 

Córdoba, 30 de mayo de 2026

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